El rodaje de Las promesas que enterramos: risas, talento y complicidad en cada plano
Rodar un cortometraje es siempre un reto, pero cuando se tiene la suerte de contar con un equipo artístico entregado y con tanta química como el de Las promesas que enterramos, el trabajo se transforma en una experiencia lúdica.
En estos días de rodaje he podido comprobar lo divertido que resulta ver trabajar a José Luis Panero y Alberto Mazarro. Ambos aportan una mezcla irresistible de naturalidad y comicidad que da vida a sus personajes de una forma única. Sus ensayos improvisados, las bromas entre tomas y esa chispa que surge cuando se miran en escena convierten cada jornada en un espectáculo paralelo al propio guion. No es solo que interpreten con solvencia; es que transmiten la sensación de estar disfrutando como niños con un juego compartido, y esa alegría se contagia a todo el equipo.
Por otra parte, aunque en este cortometraje José Antonio Ortas todavía no ha entrado en rodaje, sé muy bien lo que significa tenerle delante de la cámara. La experiencia previa de filmar con él en Gemma Galgani dejó claro que posee una presencia magnética, una personalidad arrolladora y un saber hacer que enriquecen cualquier escena. Su llegada será, sin duda, un momento muy esperado.

Y todo esto sucede bajo la mirada atenta de Óscar Parra de Carrizosa, director del proyecto. Óscar no solo sigue con precisión lo que ocurre frente al objetivo, sino que está pendiente de lo que sucede detrás y hasta al lado de la cámara. Su sensibilidad para captar matices, su capacidad para guiar a los actores sin ahogar su creatividad y su cuidado por cada detalle técnico y humano hacen que el rodaje avance con un equilibrio perfecto entre profesionalidad y cercanía.
Las promesas que enterramos es una historia que habla de amistad, memoria y segundas oportunidades, pero el rodaje también está siendo un recordatorio de lo que significa disfrutar del cine: compartir talento, complicidad y muchas carcajadas.